Noviembre de 1700, Carlos II  “El Hechizado” muere sin descendencia, dejando como sucesor en el trono al Duque de Anjou, el futuro Felipe V, nieto de Luis XIV, el monarca francés conocido como el Rey Sol.

Será el fin de la Casa de los Austrias en España y el inicio de los Borbones.

Esta estrecha alianza entre España y Francia asusta a Inglaterra y Holanda, potencias comerciales que no querían un poder hegemónico en Europa, máxime cuando la corono de ambos países podía recaer en una única cabeza.

Por esta razón, los partidarios anglo-holandeses deciden apoyar al Archiduque Carlos de Austria, además de la cuestión por la hegemonía de Europa, también estaba pendiente el reparto de los diversos territorios pertenecientes a la debilitada monarquía hispánica, objeto de codicia de las potencias europeas, por eso, Dinamarca, Portugal, Saboya y Austria se unirían a esta causa anti hispano-francesa conformando la “Segunda Gran Alianza”.

24 de Julio de 1702, desde la Habana parte la Flota de las Indias, escoltada por una escuadra de buques franceses, en las Azores se enteran del asedio de Cádiz por parte del ejército anglo-holandés. Como puerto alternativo se piensa en Ferrol, pero la proximidad de los Ingleses a Finisterre hace que la flota recale en Vigo el 22 de septiembre de 1702 conformados por 18 galeones españoles y 23 navíos de guerra franceses.

El 22 de octubre de 1702, el día antes de la batalla, la flota anglo-holandesa se asoma a la Ría de Vigo con una fuerza de 138 navíos, el grueso de la armada enemiga permanecerá fondeada en las Islas Cies. La armada con viento a favor y niebla, entra por la costa norte para evitar los cañones de la defensa de Vigo, desde la ciudad, el Príncipe de Barbazón organizará la defensa de la ría movilizando a más de 20.000 personas.

Las fuerzas de infantería enemigas, organizadas por el duque de Ormond desembarcarán en Teis para tomar el fuerte costero de Rande mientras el regimiento Chruchill desembarcará en Domaio para tomar la batería de Corbeiro.

Una estacada, formada con troncos, palos y mástiles de navíos, atraviesa el estrecho para evitar la entrada de los barcos enemigos. El Torbay del vicealmirarante Hobson será la primera nave que la cruce, explotándole un brulote (embarcación vieja llena de explosivos) en pleno casco.

En 10 horas la batalla estaba ya de lado de los anglo-holandeses que durante 7 días saquearon Redondela y la Isla de San Simón, Vigo, gracias a sus murallas, no pudo ser conquistada, pero la armada atacante pudo llevarse varios barcos cargados de mercancía. Supuestamente uno de estos era el galeón llamado Santo Cristo de Maracaibo, que según se cree, iría cargado de oro. Sin embargo, este barco se convertirá en leyenda después de que su intento de remolque resultara un fracaso, pues a la altura de las Islas Cíes el barco se hundió sin que pudieran salvarse sus valiosos tesoros.

Desde aquella nadie sabe con exactitud la situación del posible pecio y han sido muchas las especulaciones sobre su paradero.

Últimas investigaciones y manuscritos cuentan que el barco fue hundido de una manera premeditada por pesqueros gallegos que con sus maniobras consiguieron que el barco se escorará y se hundiera. Desde aquel año, la Ría de Vigo guarda celosamente el mejor y más famoso de sus secretos que nadie ha podido desde entonces esclarecer: La posible presencia debajo de sus aguas de innumerables riquezas y tesoros.

Cuando la batalla estaba ya perdida, el vicealmirante aliado Chateau Renault ordena quemar los navíos para que no caigan en manos enemigas. A pesar de que la mayoría de la valiosa mercancía, plata, piedras preciosas, porcelanas había sido llevada a tierra durante las semanas anteriores a la contienda, son muchas las voces que desde entonces hablan de un gran tesoro hundido en nuestra bahía.

En 1713, debido al desgaste de las naciones en guerra sumado a los cambios producidos en el escenario político internacional, acabarán por traer el final del conflicto, sellando la paz en el Tratado de Utrecht , donde se confirmará en el trono a Felipe V.