Buenos días.

Todos sabemos que Jules Gabriel Verne, más conocido como Julio Verne (1828-1865), fue uno de los creadores de la novela de ciencia ficción, su imaginación quedó plasmada en obras como De la Tierra a la Luna, La vuelta al mundo en 80 días, la Isla Misteriosa y muchas otras.

Una de las más conocidas fue la mítica “20.000 leguas de viaje submarino” en donde el famoso Capitán Nemo viajaba alrededor del mundo a bordo del Nautilus corriendo mil y una aventuras. En esta obra, relata Julio Verne como Nemo llegó hasta la ría de Vigo con el Nautilus en busca del famoso tesoro que por supuesto encontró y se hizo con él.

Se sabe que visitó Vigo por lo menos en dos ocasiones, la primera el 4 de junio de 1878, y la segunda, el 21 de mayo de 1884; llegando por la mar a bordo de su yate a vapor, el Saint Michel.

Pero el supuesto tesoro de la  Batalla de Rande no fue solo fruto de la imaginación de Julio Verne, sino que desde hace decenas de años han sido muchos los que han intentado su búsqueda.

El Capitán Nemo pareció haber concluido su relato que, confieso, no veía yo en qué podía interesarme.

-¿Y bién? – le pregunté

-Pues bien, señor Aronnax, estamos en la bahía de Vigo y solo de Usted depende que pueda conocer sus secretos.

El capitán se irguió y me rogó que lo siguiera. Lo obedecí, ya recuperada mi sangre fría. El salón estaba oscuro, pero a través de los cristales transparentes refulgía el mar. Miré.

En un radio de media milla en torno al Nautilus las aguas estaban impregnadas de luz eléctrica. Se veía neta, claramente el fondo arenoso. Hombres de la tripulación equipados con escafandras se ocupaban de inspeccionar toneles medio podridos, cofres deshechos en medio de tesoros renegridos. De las cajas y de los barriles se escapaban lingotes de oro y plata, cascadas de piastras y de joyas. El fondo estaba sembrado de esos tesoros. Cargados del precioso botín, los hombres regresaban al Nautilus, depositaban en él su carga y volvían a emprender aquella inagotable pesca de oro y plata.

Comprendí entonces que nos hallábamos en el escenario de la batalla del 22 de octubre de 1702 y que aquel era el lugar en que se habían hundido los galeones fletados por el gobierno español. Allí era donde el capitán Nemo ayudaba a sus necesidades y lastraba con aquellos millones el Nautilus. Para él solo había entregado América sus metales preciosos. Era el heredero directo y único de aquellos tesoros arrancados a los incas y a los vencidos por Hernán Cortés.

-¿Podía imaginar usted, señor profesor, que el mar contuviera tantas riquezas? – preguntó, sonriente, el capitán Nemo.

Extracto de “20.000 Leguas de Viaje submarino”, Julio Verne.

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